¿Qué es la magia en la cocina?

Cocinar es un proceso mágico de transformación que utiliza los cuatro elementos:

Tierra: los alimentos que nos ofrece la naturaleza. A mi parecer, los animales y los seres “sintientes” no son frutos de la tierra aptos para ser comidos, de modo que opto por una alimentación vegetariana como elección personal y espiritual.

Fuego: la fuente del calor con la que se elaboran los alimentos. La elaboración de los productos naturales a través de la cocción es lo que convierte el alimento crudo, propio de todos los otros animales y de todos los seres que pertenecen a otros mundos y a otros planos, en alimento cocido, signo distintivo de la raza y civilización humana.

Agua: el elemento de purificación de los alimentos, que los prepara para el proceso alquímico de la elaboración y consumo, pero también el elemento líquido que está en alto porcentaje en todos los alimentos, que es parte de ellos, parte de nosotros y que siempre los acompaña.

Aire: el elemento que no puede faltar en ningún proceso de cocina, en todos sus innumerables estados y modalidades. Pero también el aire que mueve nuestros pensamientos, nuestros humores y nuestras ideas más profundas que se ven plasmadas inconscientemente en los platos que preparamos y consumimos.

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El cocinero mágicamente prepara alimentos guiando un proceso alquímico a través de una serie de acciones precisas y meticulosas que unen, entremezclan y transforman los cuatro elementos en sus formas más básicas para crear un plato que consiga reunir todo en cada porción el entramado del proceso en su conjunto, desde los planteamientos hasta las conclusiones.

Aunque a menudo los utensilios son modernos, no hacen sombra a la magia de los misterios culinarios. La cocina es todavía el altar en el cual se realizan los conjuros del cocinero: es la tradicional imagen de la bruja que con su caldero elabora poderosas pócimas con ingredientes extravagantes o el mago que con inteligibles libros de alquimia trata de encontrar la receta exacta del elixir de la vida.

La clave está en el caldero, y el caldero está guardado en todas las cocinas: sólo hay que buscarlo y sacarle el polvo. Cada uno de nosotros es esa bruja o ese mago cuando prepara una taza de poleo para el dolor de tripa o un tazón de leche con chocolate para un niño que llora.

Todo depende de cómo se maneja la energía de cada alimento, de cómo dirigimos nuestra energía personal y de cómo realizamos el hechizo.

El resto es todo imaginación!


 

¿Cómo hacer cocina mágica?

Después de haber recolectado y colgado muchas recetas e indicado la finalidad mágica de cada plato, me he dado cuenta que falta algo más de orientación sobre cómo entiendo la magia en la cocina.

Creo que la cocina mágica es una de la formas más libres de practicar la magia, sólo hay que dejarse llevar por lo que nos dice el gusto, el estómago, el corazón, la intuición.

Lo primero es que hay que pensar en la cocina como en un templo para este tipo de trabajos mágicos. Como haríamos en nuestro templo habitual, habrá que limpiar, ordenar y organizar el sitio para que esté listo para la ocasión. Considero que en este caso la limpieza y la higiene son aún más importantes que de costumbres, porque cobran una simbología decisiva.

Tras organizar el espacio, hay que sacar todos los utensilios y los ingredientes que vamos a necesitar en el ritual para que estén a mano. Después, en el caso de estar familiarizados con algún tipo de trabajo mágico, empezaremos el ritual como de costumbre. Nos tomaremos nuestro tiempo para consagrar el espacio, las herramientas y los utensilios. Abriremos el círculo, llamaremos a los elementos y a las fuerzas con las que solemos trabajar, encenderemos velas e inciensos adecuados para la finalidad mágica.

Cuando el espacio esté preparado, vamos a concentrarnos en los alimentos. Cada ingrediente es escogido y entendido por su simbología y con esas ideas hay que consagrarlas. Vamos a concentrarnos profundamente en el sentido de cada uno de los alimentos, en el aspecto que nos interesa que predomine, y los cargamos con esa energía. A continuación debemos concentrarnos en el objetivo de nuestro trabajo, en la finalidad de la receta, y la visualizamos de la forma más nítida posible para poder cargar el conjunto de ingredientes con esa energía.

Es fundamental que no perdamos nunca de vista la meta, el objetivo mágico, puesto que el ritual puede ser un poco largo, depende de la receta. A mí me gusta mucho trabajar con música, especialmente en el caso de la cocina mágica, y trato de buscar algo diferente en cada ritual, para que me recuerde la finalidad de la receta.

Debemos tratar de ser muy conscientes de cada paso de la receta, pero sin olvidar que el ritual debe ser un placer, un entretenimiento y un disfrute, puesto que eso es lo que transmitiremos al plato. Podemos comer en la misma cocina, ya que está consagrada, o en otro lugar. Lo importante es que antes de comer volvamos a visualizar nuestro objetivo y que sintamos la energía del plato que entra dentro de nosotros y empieza a funcionar.

Estas son sólo unas pautas sobre cómo hacer cocina mágica, pero cada uno podrá hacerlo como prefiera. ¡Dejaos llevar por los olores, los colores, los sabores, los crujidos y burbujas!

Carl Warner