¿Como veo por la pequeña encuesta de la barra lateral que la mayoría de los lectores está familiarizada con el Tarot, quiero hacer una entrada sobre esta herramienta tan valiosa. No quiero hablar de nada muy general, puesto que de esto ya me ocupo ampliamente en el otro blog junto con Claudio, que tenéis linkeado aquí: Tarot & Reiki.

Hace poco me regalaron el Tarot Dorado de Gustav Klimt y estoy especialmente ocupada en estudiarlo, puesto que no conozco mucho acerca de Klimt. Lo que he podido aprender hasta ahora me ha gustado mucho y encuentro muy inteligentes la mayoría de los arcanos, aunque sigo peleando con otros, pero eso es ley de vida… Me llamó la atención desde un prinicipio la fuerte presencia de las mujeres en su obra, y por lo tanto en las cartas. Sigo fascinada por ese universo femenino que pinta Klimt y por su visión profundamente esoterica de la mujer como principio de vida, como símbolo del elemento agua, pero también como representante de la naturaleza toda: podríamos decir que el Tarot y la obra de Klimt están plagados de muchas facetas de la Diosa Madre.

Danae, Gustav Klimt

Una de las cartas que más me ha gustado es la adaptación de la famosa Danae para el arcano XVIII. Danae, hija de Argos, fue amada por Zeus, quien, para ocultar su infidelidad a la celosa esposa, la transforma en lluvia dorada.

En la carta del Tarot aparece una mujer voluptuosa, cuyas curvas contrastan con las figuras estilizadas y casi esqueléticas de las otras mujeres de Klimt. Es una carta en la que predominan las formas circulares, como principio de lo femenino; recuerdan también formas de ojos, que aluden a la intuición propia de La Luna, quien sabe mirar más allá del velo de la realidad, como el que aparece en la esquina de la carta.

El pelo rojo de la mujer habla de la fuerza erótica de La Luna, la sangre como elemento vital, la pasión, aunque no deja de ser una carta totalmente de agua, como sugiere el color del fondo y las estrellas o las burbujas que lo adornan. La de este Tarot es una visión muy dulce del arcano XVIII, que se presenta más cercano al arquetipo de la Diosa Madre, suavizando su faceta más oscura que se manifiesta aquí solamente con el sueño de la mujer y con ese velo oscuro que puede ocultar la esencia de las cosas.

Estas reflexiones son únicamente fruto de un estudio personal, por lo que mi visión es absolutamente subjetiva y no pretende entrar en ámbitos artísticos o históricos, pero espero que os puedan servir como otro punto de vista.  ¿Qué os parece?