Después de haber recolectado y colgado muchas recetas e indicado la finalidad mágica de cada plato, me he dado cuenta que falta algo más de orientación sobre cómo entiendo la magia en la cocina.

Creo que la cocina mágica es una de la formas más libres de practicar la magia, sólo hay que dejarse llevar por lo que nos dice el gusto, el estómago, el corazón, la intuición.

Lo primero es que hay que pensar en la cocina como en un templo para este tipo de trabajos mágicos. Como haríamos en nuestro templo habitual, habrá que limpiar, ordenar y organizar el sitio para que esté listo para la ocasión. Considero que en este caso la limpieza y la higiene son aún más importantes que de costumbres, porque cobran una simbología decisiva.

Tras organizar el espacio, hay que sacar todos los utensilios y los ingredientes que vamos a necesitar en el ritual para que estén a mano. Después, en el caso de estar familiarizados con algún tipo de trabajo mágico, empezaremos el ritual como de costumbre. Nos tomaremos nuestro tiempo para consagrar el espacio, las herramientas y los utensilios. Abriremos el círculo, llamaremos a los elementos y a las fuerzas con las que solemos trabajar, encenderemos velas e inciensos adecuados para la finalidad mágica.

 

 

Cuando el espacio esté preparado, vamos a concentrarnos en los alimentos. Cada ingrediente es escogido y entendido por su simbología y con esas ideas hay que consagrarlas. Vamos a concentrarnos profundamente en el sentido de cada uno de los alimentos, en el aspecto que nos interesa que predomine, y los cargamos con esa energía. A continuación debemos concentrarnos en el objetivo de nuestro trabajo, en la finalidad de la receta, y la visualizamos de la forma más nítida posible para poder cargar el conjunto de ingredientes con esa energía.

Es fundamental que no perdamos nunca de vista la meta, el objetivo mágico, puesto que el ritual puede ser un poco largo, depende de la receta. A mí me gusta mucho trabajar con música, especialmente en el caso de la cocina mágica, y trato de buscar algo diferente en cada ritual, para que me recuerde la finalidad de la receta.

Debemos tratar de ser muy conscientes de cada paso de la receta, pero sin olvidar que el ritual debe ser un placer, un entretenimiento y un disfrute, puesto que eso es lo que transmitiremos al plato. Podemos comer en la misma cocina, ya que está consagrada, o en otro lugar. Lo importante es que antes de comer volvamos a visualizar nuestro objetivo y que sintamos la energía del plato que entra dentro de nosotros y empieza a funcionar.

Estas son sólo unas pautas sobre cómo hacer cocina mágica, pero cada uno podrá hacerlo como prefiera. ¡Dejaos llevar por los olores, los colores, los sabores, los crujidos y burbujas!