Esta es una variante de la tortilla monastica cocinada en el horno. Es un plato muy ligero y practicamente macrobiòtico, rico de propiedades y muy pobre en calorias y en grasas.

 

Pan, patatas y tahina  

INGREDIENTES

  • 3 patatas grandes
  • 1 taza de pan rallado
  • 1 taza de queso parmesano rallado
  • 2 cucharadas de tahina
  • 1 ramita de romero
  • 2 cucharadas de aceite de oliva extra-virgen
  • Sal

 

PREPARACIÓN

Lavar minuciosamente las patatas y cortarlas en láminas de aproximadamente un centímetro de alto sin pelar. Cocerlas a vapor hasta que estén casi hechas y parar la cocción con un chorro de agua fría.

Cubrir cada lámina de patata pasándola en un plato donde se habrá mezclado el pan rallado y el queso parmesano rallado. Distribuir las patatas en un molde para el horno untada con aceite de oliva.

Preparar la tahina en una taza mezclándola con dos cucharadas de agua tibia hasta obtener una crema espesa. Entre una y otra capa de patatas y en la superficie esparcir un poco de sal y unos copos de crema de tahina, que al cocer no se derretirá, sino que se caramelizará.

Hornear a 200° hasta que las patatas estén doradas.

 

MEDITACIÓN

Este plato es profundamente sencillo y nos conecta con las raíces más profundas de la tierra. Las patatas, tubérculos que se extraen directamente del vientre de la Tierra, son el pobre pero a la vez rico alimento de todos los tiempos y son símbolo del Nuevo Mundo.

El pan es el pilar de la dieta mediterránea: los cereales son elaborados por la mano del hombre, por el trabajo del cultivo y el dominio del fuego, dando uno de los primeros alimentos elaborados de nuestra civilización, como el queso.

La tahina, la crema de sésamo, es uno de los alimentos que reinan en la cocina de Oriente Medio; este toque exótico nos da pie para reflexionar en la riqueza culinaria y cultural que se puede obtener con la simple unión de columnas fundamentales de tres mundos diferentes, mundos que desgraciadamente a menudo se ven enfrentados.